Aunque ha llegado la primavera, la situación en gran parte del mundo como consecuencia de la pandemia de Covid es todo menos soleada. El virus ya ha infectado a 123 millones de personas en todo el mundo y se ha cobrado casi 3 millones de vidas. Las pérdidas económicas son enormes y aumentan día a día. Europa -y no sólo los países del sur, que fueron los más afectados al principio- vive una crisis sin precedentes. Alternando entre confinamientos más severos y aflojamientos, nuestros dirigentes intentan desesperadamente salvar la salud pública y la economía.

La única certeza de esta crisis es que no hay certezas. Un año después de que España y Portugal se “encerraran” por primera vez, nos preparamos para la cuarta ola. Las favorables perspectivas económicas de la Península Ibérica, recién recuperada de la anterior crisis, podrían pasar por la trituradora. El PNB de Portugal se reducirá un 7,6% en 2020 y el de España un 11%, una caída récord. Lo que duele es que la economía de estos países depende en gran medida del turismo. España, por ejemplo, recibió 84 millones de turistas en 2019 (con un gasto aproximado de 100.000 millones de euros) y solo 19 millones en 2020, un descenso del 77%. La prohibición de viajar y el cierre de las fronteras debido a la pandemia están paralizando el turismo extranjero. Además, en el sur de Europa, donde el poder adquisitivo es menor, esta pérdida no puede ser compensada por el turismo nacional.

Además del turismo, España y Portugal también viven de los extranjeros que se instalan e invierten en inmuebles. Por ejemplo, el 50% de las segundas residencias en la costa española son compradas por no españoles. Cada año se construyen más viviendas en España que en el Reino Unido, Alemania y Francia juntos (¡!). Una incertidumbre prolongada es desastrosa para el sector inmobiliario; la libertad para viajar y la estabilidad del valor juegan un papel importante en la compra de una (segunda) vivienda. Si esta situación se prolonga demasiado, es inminente que se repita la crisis de 2008, cuando el sector inmobiliario entró en re-bajas y los oportunistas pudieron hacer gangas. A rey muerto, rey puesto, pero esto no es una contribución sostenible a las economías locales.

Sin embargo, hay luz al final del túnel. Según las previsiones de la Comisión Europea -por si sirve de algo-, España (y en menor medida Portugal) será la que más se beneficie de la recuperación tras la crisis. Además, muchos miles de millones de la UE fluirán hacia el sur de Europa en el próximo periodo. Pero sobre todo, Europa debe deshacerse del virus. La única forma de salir de esta crisis es la vacunación. Eso requiere liderazgo, pero también participación, un esfuerzo por parte de todos.
Un consejo, por tanto, al menos para España y Portugal: no dejen que la economía se ahogue, ¡déjense vacunar!

 

Rik de Ridder
03/2021